Por Daniel Giménez
En la Argentina actual, el discurso del oficialismo intenta instalar una falsa dicotomía: por un lado la estabilidad/previsibilidad económica, y por el otro un populismo ineficiente. Ya nos lo decía Jauretche: las zonceras económicas sirven para que el trabajador acepte su propia exclusión. Es hora de decir las cosas por su nombre: el modelo económico justicialista no está en contra ni de la estabilidad economica, ni mucho menos de la ganancia industrial; por el contrario, la considera como condición necesaria para la re-inversion nacional
Teoría del derrame vs circuito virtuoso
La diferencia entre ambos es meramente política; ante la amenaza de un modelo neoliberal como el actual que ataca la matriz productiva nacional priorizando la valoración financiera y permitiendo la fuga de capitales, dejando a su paso tierra arrasada, existen dos alternativas:
El Desarrollismo, que es industrialización pero con salarios atrasados para financiar al capital, prometiendo que, luego de cierta tasa de ganancia, esta se irá volcando en los bolsillos de los trabajadores (la famosa teoria del derrame que, por cierto, sueña con un derrame que en la realidad nunca llega)
Por otro lado, el justicialismo propone la industrialización y el aumento de la productividad acompañado de un aumento de salarios; no es solamente una cuestion de justicia social, es tambien eficiencia macroeconomica, con enfoque de sostenibilidad a largo plazo. Si el trabajador aumenta su poder adquisitivo, se activa el multiplicador económico: ese ingreso vuelve al almacén, al kiosco, y ese boom de consumo interno no solo genera mayor bienestar social, sino que también genera empleo. Tal como se demostró entre el 2003 y 2015, el consumo popular es el que tracciona la inversion privada porque garantiza que lo producido sea absorbido por la demanda.
Soberanía sobre el Excedente: El rol del IAPI
Para que este modelo funcione, el estado tiene que ocupar un rol estratégico en la regulación del comercio exterior. Instrumentos como el IAPI permitieron en su momento apropiarse de las rentas extraordinarias del sector exportador para financiar a la industria y cuidar el precio del pan en la mesa de los argentinos; sin una administración inteligente (algo de lo que carece este gobierno), la riqueza que genera nuestro suelo termina financiando la fuga de capitales hacia cuentas offshore de los grandes grupos concentrados
Ciencia, Tecnología y futuro
A diferencia de aquellos países que patean la escalera del desarrollo, el Justicialismo apuesta a la planificación de recursos estratégicos: invertir en ciencia y tecnología a través del CONICET o empresas como ARSAT e YPF no es «gasto público», es soberanía tecnológica. Es lo que suelen hacer las potencias: el estado lidera la innovación para que la industria nacional no sea solo un ensamblador, sino un creador de valor agregado.
El capital al servicio de nuestra nación
La única verdad es la realidad: bajo el modelo justicialista, la participación de los trabajadores en el ingreso alcanzó el histórico 50-50, mientras que con el neoliberalismo actual el salario real se pulveriza para garantizar burbujas especulativas y negocios financieros.
La Argentina no se reconstruye ni con «teorías del derrame» ni con ajustes fiscales que castigan al consumo, se reconstruye con un Estado activo que tienda puentes entre el capital y el trabajo, todo bajo una sola bandera: que el desarrollo sea con justicia social