ESTRUCTURALISMO LATINOAMERICANO Y EL MODELO ECONOMICO JUSTICIALISTA

Por Roberto Rojas

En un mundo donde el cuerpo teórico principal estaba dominado por la teoría neoclásica el estructuralismo latinoamericano nació como una respuesta crítica, considerando las relaciones centro periferia y la participación del Estado para posibilitar el desarrollo y superar los desequilibrios estructurales. En nuestro país Argentina Raúl Prebisch[1], Marcelo Diamand, Julio H. Olivera, así como otros intelectuales adhirieron a esta visión e impulsaron la necesidad de la planificación económica.

Otros autores no estructuralistas tomaron otro camino, por ejemplo, Bela Balassa (1971, neoclásico, creía que el tipo de cambio competitivo era fundamental para el desarrollo que podría incentivar a los empresarios a exportar y así contratar fuerza laboral local y generar crecimiento. Dani Rodrick (2003, Economía Política Internacional) también identificaba las condiciones iniciales para el desarrollo y la creación de instituciones que sostengan altas tasas de crecimiento en el largo plazo, como último ejemplo, Williamson (2003, Nueva Economía Institucional) históricamente aporta el enfoque estratégico del desarrollo basado en mantener un tipo de cambio real siempre competitivo.

Fundamentos del pensamiento estructuralista

Históricamente se consolidó lo que llamamos subdesarrollo en función del avance tecnológico. Celso Furtado[2] identifica tres vectores que regularon el desarrollo económico subsiguiente en todo el planeta

El primer vector dentro de la propia Europa derivado del desarrollo tecnológico que dejó atrás la economía artesanal precapitalista impulsando la disponibilidad relativa de los factores en los centros industriales

el segundo vector de desarrollo es el desplazamiento hacia otras regiones de mano de obra, capitales y técnicas. En estas nuevas regiones, debido a la abundancia de recursos naturales se fue generando excedente de ingresos y alta productividad.

El tercer vector fue la creación de estructuras dualistas, estas formas adoptaron una organización en función de maximizar las ganancias y otra manteniendo las formas de producción precapitalistas, esta condición es lo que hoy conocemos como subdesarrollo.

Marcelo Diamand[3] propone para comprender las recurrentes crisis qué ha padecido la Argentina, diferenciar el análisis con respecto a los países centrales ya que es un país de exportaciones primarias en proceso de industrialización. Esta dualidad ha sido definida como una estructura productiva desequilibrada.

La principal característica es que el sector primario trabaja a precios internacionales y el sector industrial trabaja a costos y precios superiores a éstos, siendo una limitación sistemática y persistente en el tiempo derivando en la restricción externa.

El sector industrial demanda divisas mientras que el sector agropecuario las aporta, aun cuando en un inicio la industrialización por sustitución de importaciones disminuye la demanda de bienes del resto del mundo y se ahorren divisas, en el mediano y largo plazo por la incorporación de nuevas tecnologías, nuevas técnicas productivas y de gestión de procesos por los competidores internacionales, la posibilidad de sustitución de importaciones se hace cada vez más lenta y es ahí cuando el aumento de la demanda de divisas por el sector industrial agotan las reservas del Banco Central. Se debe pedir crédito externo, una vez que el crédito externo es inviable por el aumento de tasas o cupos y no se puede adquirir, el país se ve forzado a una devaluación y crisis.

Julio H. Olivera[4] propone salir de la ilusión monetaria para analizar las recurrentes crisis en los países en vías de desarrollo y la alta inflación derivada de estos ciclos.

Suponiendo que partimos del equilibrio entre oferta y demanda, por alguna razón desconocida hay un cambio en las preferencias[5] de la población que redistribuye el gasto total de la economía. Inicialmente estos cambios deberían inducir a cambios en los precios relativos, pensemos que algunos bienes van a tener un exceso de demanda en función de datos históricos y otros van a tener una caída de esta. Consiguientemente los precios de uno van a tender a encarecerse mientras los otros van a quedar estancados. Aquí podemos ver el primer punto, ¿porque los precios ante la caída de la demanda de un producto no bajan?  claramente esto es por acción de la flexibilidad asimétrica de los precios, está flexibilidad asimétrica tiene como característica que los precios son rígidos a la baja o con poca movilidad descendente dependiendo de la elasticidad precio de los productos.

Pasada esta turbulencia derivada de los cambios de preferencias, deberíamos observar la baja de los precios de los productos que habían aumentado, y la consecuente recuperación de la participación relativa respecto de los productos que se mantuvieron inmóviles, pero nuevamente, por la flexibilidad asimétrica, observamos el aumento de los precios que han caído en su demanda para recuperar la participación relativa inicial.

Estos movimientos finalmente impactan en un aumento del índice general de precios. Esta inestabilidad macroeconómica conlleva la necesidad de tomar deuda para financiar gasto corriente, posteriormente se debe conseguir moneda extranjera para pagar capital e intereses de la deuda y cuando los precios relativos con el resto del mundo hacen deficitaria la balanza comercial, vía restricción externa, se ingresa a una crisis que condiciona el desarrollo.

Aplicación a las políticas públicas argentinas

Podemos diferenciar tres situaciones: una relacionada con un proceso histórico según Celso Furtado, otra derivada de la dualidad entre el sector agroexportador y el sector industrial y los excedentes de divisas del primero y las necesidades de divisas del segundo, Diamand. Por último, dentro de esta estructura productiva dual, la falta de flexibilidad en la transformación productiva entre ambos sectores y la asimetría en la flexibilidad de precios fundamentalmente la rigidez a la baja de estos que imposibilita un proceso inflacionario convergente según Julio H. Olivera.

Podemos identificar tres períodos con componentes de políticas estructuralistas, durante el peronismo del 45 al 55, desarrollismo de Frondizi y como última experiencia durante el Gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner estrategias estructuralistas.

  1. Políticas activas y conducción desde el estado en la planificación productiva y en la inversión
  2. Críticas de protección a la industria nacional
  3. promoción de sectores estratégicos mediante políticas fiscales y crediticias orientadas a la industria insipiente

Podemos identificar límites estructurales en los distintos períodos como ser:  cuellos de botella, inflación de costos, dependencia tecnológica, restricción externa y crisis de deuda, éstos no se han podido superar con planificación de largo plazo

Conclusiones

Para pensar políticas públicas en la Argentina en función del desarrollo, hoy más que nunca la mirada estructuralista está vigente como una herramienta para generar acciones desde el Estado frente a la desigualdad, la desindustrialización, la dependencia tecnológica, la dependencia financiera y recuperar una visión holística del desarrollo económico. Autores como Furtado, Diamand y Olivera nos ofrecen claves para repensar el rol del Estado en la economía a la luz de los nuevos desafíos planteados por las nuevas tecnologías.


[1] Excede a este articulo Raúl Federico Prébisch Linares quien fue un político, académico y economista argentino, reconocido por sus aportes a la teoría estructuralista del desarrollo económico.

[2] Celso Furtado. Teoría y política del desarrollo económico. Síglo 21 editores. (1968)

[3] Marcelo Diamand la estructura productiva desequilibrada Argentina y el tipo de cambio. Desarrollo económico vol. 12 número 45. (1972)

[4] La inflación estructural y el estructuralismo latinoamericano. Estudios Económicos» de la Universidad Nacional del Sur, número 5/6 del volumen 3. (1964)

[5] Podemos aplicar el mismo análisis a un embotellamiento por falta de un insumo critico  

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