En el debate económico argentino se ha intentado instalar, una y otra vez, la idea de que el modelo económico justicialista sería hostil hacia la empresa privada. Bajo esta mirada, la intervención estatal, la regulación de sectores estratégicos y la redistribución del ingreso se presentan como señales de un sistema “antiempresa” o “antinegocios”.
Sin embargo, un análisis riguroso de los datos demuestra lo contrario. El justicialismo económico, lejos de ser un proyecto que niega la lógica empresarial, constituye un capitalismo regulado, donde la rentabilidad privada convive con el protagonismo del Estado y con un fuerte impulso al mercado interno.
Tres indicadores clave lo confirman: la evolución del índice Merval real, la Inversión Extranjera Directa (IED) y la cantidad de empresas activas. Todos muestran que este modelo no destruye tejido empresarial, sino que lo expande y lo fortalece en beneficio de la Nación.
La inversión extranjera directa
Un argumento habitual contra el modelo justicialista es que, al priorizar el interés nacional, supuestamente espanta al capital extranjero. No obstante, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) demuestran que la Argentina recibió montos significativos, con picos superiores a los 15.000 millones de dólares en 2011.

La IED (2003-2015) muestra ingresos significativos de capital extranjero, con picos que superaron los 15.000 millones de dólares en 2011. Aunque la crisis internacional de 2008 afectó temporalmente los flujos, la recuperación fue notable durante los 12 años que se implemento el modelo.
El índice Merval
El comportamiento del índice Merval en términos reales refleja la confianza de las empresas y de los inversores en la economía. Bajo un modelo justicialista, que prioriza la producción nacional y la demanda interna, cabría esperar un estancamiento si la teoría del “antiempresa” fuese cierta. Pero lo que muestran los datos es lo opuesto.

Desde 2003, el Merval experimentó una expansión sostenida, alcanzando niveles récord hacia 2014-2015. Aun con oscilaciones propias de la coyuntura internacional, el mercado bursátil argentino se valorizó fuertemente. Ello demuestra que las grandes firmas encontraron rentabilidad y perspectivas de crecimiento dentro de un esquema regulado, lo cual contradice el mito del antagonismo entre empresa y economía justicialista.
La cantidad de empresas activas
El indicador más contundente para desarmar el mito del “antiempresa” es la evolución de la cantidad de firmas activas. Entre 2003 y 2015, la Argentina pasó de alrededor de 430 mil a más de 600 mil empresas, lo que significa la creación de casi 200 mil nuevas unidades productivas en poco más de una década.

La primera etapa mostró un crecimiento acelerado, de entre 8% y 11% anual, vinculado a la recuperación del mercado interno, la industrialización y el rol central de las pymes. Luego, en una coyuntura más compleja, se consolidó un stock de empresas mucho mayor al previo.
El mito del modelo economico justicialista como “antiempresa” carece de sustento empírico. La evidencia demuestra que durante este ciclo económico se fortaleció el capital privado, se atrajo inversión extranjera y se amplió el número de firmas en actividad.
El justicialismo concibe a la empresa no como un enemigo, sino como un actor central del desarrollo nacional, siempre que su rentabilidad se alinee con los objetivos de soberanía, justicia social e independencia económica.