Neocolonialismo como etapa del esquema Neoliberal de valorización financiera

Por Cecilia Wilhem

Desde diciembre de 2023 Argentina se encuentra en una etapa reversionada de los esquemas ya conocidos de valorización financiera. El gobierno de Milei rememora y se embandera detrás de los modelos implementados durante el periodo que duró la última dictadura cívico-militar 1976-1983, con las huellas que ha marcado con gran fuerza en el sistema económico y en la vida social del país, como así también admirando y replicando políticas económico-financieras de la etapa de E. Menem durante los años noventa. El modelo se continuó durante la etapa de M. Macri en el periodo 2015-2019. Los rasgos comunes son tan presentes que hasta se comparten responsables de las carteras como en el caso de Federico Sturzenegger y Luis Caputo también presentes en las últimas experiencias de gobiernos neoliberales argentinos. Las caras son las mismas, y las recetas muy parecidas.

Dicho esto, el gobierno de Milei puede representar una época de cambios, con algunos nuevos actores en el plano nacional, pero con un modelo hartamente conocido por nuestro país. El recrudecimiento del modelo presentado descansa en una reducción de las funciones del Estado, en el debilitamiento de las capacidades productivas, y fundamentalmente en el establecimiento de un modelo de maximización de capital financiero en detrimento del bienestar de las mayorías y con un claro lineamiento con EEUU en su política internacional.

Se implementa un modelo que prioriza bajar la inflación, pero a la vez que una tasa real fuertemente positiva que valorice los capitales internacionales de determinada elite, de la mano de un nuevo préstamo de 20.000 millones de dólares, que acomodan el proyecto nacional convenientemente en el sistema de conflicto internacional entre las principales potencias. No hay muestras desde la gestión nacional, de un interés por buscar soberanía y defensa de los intereses particulares de la economía argentina. Por el contrario, el nuevo ingreso de dólares provistos por el organismo internacional se implementa con un tipo de cambio real que se sostiene fuertemente apreciado aún con el nuevo esquema de flotación implementado, un esquema muy similar al implementado en la década de los noventa. Tal es el caso de este paralelismo que en el plano internacional se reedita un intento de relaciones carnales con los Estados Unidos en un mundo radicalmente más turbulento.

Se conoce el beneficio de un crédito de tal magnitud en el corto plazo en materia financiera, pero se desconocer los costos que implica para asegurar la garantía que una economía virtualmente en default como la argentina, le puede prestar al FMI. Así, como ha ocurrido en diversas etapas de nuestra historia, que se implementaran supuestos auxilios que han implicado alinear la economía argentina a las potencias de la época. Tal es el caso del préstamo de la Baring Brothers inglesa en 1824, y los episodios sucesivos de deuda con el FMI desde su creación en el siglo XX. Excepto en los casos de los gobiernos de J D Perón y en el gobierno de N Kirchner, la economía argentina no ha sido capaz de pagar sus deudas y “cumplir con los compromisos asumidos”. Por el contrario, la historia económica argentina muestra que los gobiernos sometidos al juego del coloniaje internacional han socavado sus propias capacidades de sostenimiento.  

En la historia reciente, el tipo de cambio apreciado sostenido dogmáticamente por el gobierno de Menem en los noventa mediante la Ley de la convertibilidad no ha dejado vulnerables frente a shocks internacionales como la crisis del tequila sucedida en México, frente a la devaluación de Brasil, nuestro principal socio comercial. En el caso del gobierno de Macri, aún con el apoyo extraordinario del staff del FMI con el préstamo de 57.000 millones de dólares violando su propio reglamento en el volumen del crédito brindado, la economía no ha crecido y ha profundizado el modelo financiero, con fuertes consecuencias inflacionarias.

Esta vez, con Milei, el préstamo implicó un costo inflacionario que aún está por dimensionarse, ha incentivado la especulación acerca de beneficios cambiarios por varios sectores de la economía y en materia de reservas internacionales del Banco Central sigue sin representar un mayor robustecimiento para hacer frente a un escenario adverso.

A todo esto, se suscita una pregunta que parece soslayarse por quienes han asumido el nuevo crédito. ¿Cuál es el costo real del préstamo para la argentina? ¿Qué se entrega a cambio de este nuevo apoyo extraordinario? ¿Cuál es la preocupación del gobierno por fortalecer su capacidad de repago? En una economía que un tipo de cambio que se sostiene apreciado que encarece a cualquier proyecto productivo, las fuentes de generación de reservas se limitan al sector agrícola o a organismos internacionales. El balance cambiario no mejora.

Hay un modelo claro de valorización financiera, sin un proyecto productivo asociado, mas que el de algunas actividades que no requieran insumos importados ni se vean compitiendo con la afluencia de importaciones, donde los derechos de los trabajadores se vean violados. Se tiende a una economía de servicios, parecida a otros países de la región, con una fuerte informalidad laboral donde las condiciones financieras favorables para los capitales internacionales sirven de refugio (paraíso fiscal).

A esto se le suma un capítulo particular en relación con los intereses de Washington entorno a los recursos naturales argentinos. Con un gobierno estadounidense que proclama abiertamente su interés por poseer territorios ajenos que acumulan fuentes de agua dulce y accesos comerciales estratégicos.

También, más allá de lo económico, el gobierno de Milei ha adoptado posturas geopolíticas que refuerzan la hegemonía de Estados Unidos en la región, desde su apoyo a sanciones contra países como Venezuela hasta su acercamiento a la OTAN. Esta subordinación política recuerda a las prácticas del imperialismo clásico, donde las élites locales legitiman la dominación externa a cambio de beneficios particulares. Mientras se aplica el ajuste neoliberal, con privatizaciones, despidos masivos en sectores estratégicos y la consecuente pérdida de capacidades para el desarrollo nacional; Washington consolida su influencia sobre un socio estratégico en el Cono Sur.

En suma, hay una inmersión en los conflictos internacionales. Con un posicionamiento internacional arriesgado, asumiendo nuevos préstamos con el FMI, y compromisos que rememoran a las viejas experiencias coloniales de la relación argentina con las potencias internacionales. Con las mismas recetas se puede esperar un final poco distinto a las ya experimentadas a lo largo de las últimas décadas en nuestro país.

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